El mantenimiento y la lubricación periódicos de los cables de acero son fundamentales para garantizar la seguridad y prolongar su vida útil. Esto reduce eficazmente la fricción entre los hilos, forma una película protectora que aísla de los ambientes corrosivos y absorbe el calor generado durante el funcionamiento a alta velocidad.
Durante el proceso de fabricación, los cables se lubrican. El tipo y la cantidad de lubricante utilizado dependen del tamaño, el tipo y el uso previsto del cable. Si el cable se almacena en condiciones adecuadas y durante las primeras etapas de su vida útil, la grasa utilizada durante la producción proporcionará una protección suficiente para el cable terminado durante un período de tiempo razonable.
La relubricación no siempre es una tarea sencilla. A pesar de la necesidad de una lubricación profesional, el lubricante viejo, la suciedad y otras partículas pueden cubrir la superficie del cable, impidiendo que el nuevo lubricante penetre en su interior. En estos casos, puede ser necesario limpiar a fondo el cable o utilizar un dispositivo de lubricación a alta presión para introducir el nuevo lubricante.
En cualquier caso, si no se sigue un programa de lubricación regular y programado, la vida útil del cable de acero se acortará rápidamente.
Los cables de acero están compuestos por varias partes móviles. Por ejemplo, un cable de acero de construcción 8x19 está formado por 152 alambres agrupados en 8 cordones. Tanto los alambres como los cordones están sometidos a tensión y flexión, lo que provoca desgaste entre ellos y contra las poleas.
Todas las partes del cable deben mantenerse lubricadas para evitar el sobrecalentamiento por fricción. Durante la fabricación de cables de acero, tanto los alambres como los hilos se lubrican. Un cable nuevo contiene aproximadamente un 1,2 % de lubricante en peso.
A medida que aumenta el número de ciclos de funcionamiento del cable, este libera lubricante en su superficie. Experimentalmente, un cable de acero pierde aproximadamente un 0,12 % de su peso de lubricante cada 100 000 ciclos. La relubricación es necesaria para un funcionamiento óptimo y para prolongar la vida útil de los cables y poleas.
Es necesario realizar un plan de inspección periódica. Una pequeña inversión anual en lubricante ahorra un gasto considerable derivado del reemplazo previsto de cables y poleas.